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lunes 26 febrero 2024



Francia - 18/03/05
LAGARDERE, el AGA KHAN y el PROGRAMA FRANCÉS
Tras meses de negociaciones y trámites, se ha hecho por fin pública la adquisición de todo el stock turfístico de Lagardère por el Aga Khan

Por CFGD

Hay ocasiones en las que el fallecimiento de una persona puede cambiar el orden de las cosas sustancialmente. Tal es el caso generado en el turf francés por la muerte del que fuera gran figura del mismo, Jean Luc Lagardère, acaecida prácticamente hace dos años.

  • En su condición de Presidente de France Galop –probablemente el mejor que ha tenido la entidad en toda su historia- Jean Luc Lagardère demostraría el espíritu emprendedor e imaginativo que, en otros campos, le había aupado a lugares de privilegio dentro de la vida económica y empresarial gala y europea. Dotado de una fuerte personalidad, astuto e inteligente, Lagardère había logrado desarrollar al más alto nivel lo que fuera la pasión de su vida: los caballos de carreras y su cría. Los resultados obtenidos por su cabaña en la última década expresan su triunfo con elocuencia: diez veces cabeza de lista de los criadores y una de los propietarios. Al tiempo, de su labor al frente de France Galop, había resultado un florecimiento económico de las carreras francesas, una mayor atención a los hipódromos periféricos y una organización precisa y seria, cada vez más abierta al exterior, más alejada de la endogamia que parece consustancial con la forma de ser de nuestros vecinos. El turf francés marchaba viento en popa a toda vela.

    De improviso, la Parca daba por concluido el ciclo vital del gascón y una vía de agua se declaraba en la nave. De entrada, desde el punto de vista institucional, había que elegir nuevo Presidente de la sociedad que rige las carreras francesas, recayendo el honor en Edouard de Rothschild, un aristócrata de señero apellido turfístico, único bagaje de peso del que podía presumir en la actualidad, ya que ni el decrépito Haras de Meautry, ni sus efectivos de cría o de competición sirven para otra cosa que no sea proclamar su decadencia. Recuerdo –haciendo un inciso- que, con ocasión del advenimiento de Edouard de Rothschild a la presidencia de France Galop, cierto amigo mío se expresaba en trágicos pero inequívocos términos al respecto, diciendo en voz alta lo que en los medios franceses se pensaba pero se callaba: que el cambio de presidencia iba a ser nefasto para el turf francés.

  • Poco tiempo ha sido preciso para constatar lo acertado de tales opiniones porque, en septiembre pasado, se anunciaba un plan novedoso para cambiar el programa clásico de carreras francés, en el que lo más impactante –y disparatado, añadiríamos- era el cambio de distancia que se pensaba imponer al Prix du Jockey Club o Derby FR que pasaría de los 2400 metros clásicos en que se llevaba corriendo hace más de un siglo a unos incomprensibles 2100, con las consiguientes alteraciones de otras carreras –el GP de Paris que pasará a la milla y media y se correrá en sesión semi nocturna, el Jean Prat que bajará a la milla o el GP de St. Cloud que se cerrará para los tres años- e incluso con la desaparición de alguna otra, como el Lupin. Eso sí, se proclamaba un sustancial aumento en las dotaciones de las carreras afectadas. Lo de renovarse o morir es un hecho en casi cualquier aspecto de la vida, siempre que aquello que se trata de renovar lo requiera. Carece de sentido cambiar lo que bien funciona. En ese sentido, el programa clásico francés era un ejemplo de equilibrio y seriedad, en cumplimiento del fin último de las carreras que no es otro que el de la selección de la raza, pese a lo cual nada habría tenido de criticable que se hubieran perfilado mejor algunas carreras, introduciendo otras o cambiando algunas, en atención a necesidades que en los años anteriores se hubieran puesto en evidencia. Pero de ahí a convertir su derby en una pastelada idéntica a lo que, desde hace años, es su Oaks (el Diane), va un abismo. Un abismo en el que la cordura, la sensatez y el equilibrio se ausentan y que no es sino consecuencia del “síndrome inglés” o “complejo de Epsom” que padecen los galos -que no soportan su inferioridad turfística con respecto a sus vecinos del otro lado del Canal-, a quiénes pudre la idea de que, se pongan como se pongan, el Derby es la carrera más importante del mundo, que sufren y se desesperan porque el Jockey Club es plato de segunda mesa, un “Derby” menos competitivo para el que los entrenadores reservan a sus segundas bazas, a aquellos que no valen para Epsom. Para reducir la bilis que tal situación les provoca, han pensado en un ascenso paulatino de la dotación del Arco de Triunfo hasta lograr –en un par de años- que supere a la del Derby, siempre y cuando esta permanezca invariable, que está por ver. Y supuestamente para dar un impulso a su Derby, deciden rebajar su distancia, con la idea de que pueda atraer a otro tipo de potros, de mayor calidad. De aurora boreal. Aunque lo cierto es que hay poco componente de sorpresa en el hecho de que el sustituto de Lagardère en la Presidencia de France Galop se comporte de manera tan majadera. Es más, era de esperar, resultando incluso de aplicación la frase del chiste: “Virgencita, que me quede como estoy”.¡Ay, si Lagardère levantara la cabeza!

  • Pero si el gascón levantara la cabeza no sería solo el torpe discurrir de su sustituto lo que le devolvería a las tinieblas. Un vistazo a la que fue su casa bastaría para que se le quitara cualquier deseo de regresar. Porque después de haber luchado, perseguido y logrado tener una yeguada de importancia, una cuadra de carreras renombrada, una cabaña de calidad contrastada y un puesto preponderante en la cría mundial, en sólo dos años de ausencia de este mundo cruel, su único hijo y heredero se ha quitado la careta y, evidenciando que a él los caballos le interesan lo mismo que el adiestramiento de las salamandras –suponiendo que exista tal actividad-, ha firmado en la línea de puntos vendiendo la totalidad de lo que era la alegría de su padre –dizque porque lo necesitaban para pagar al fisco galo por los derechos de sucesión-, ya sean propiedades, yeguas de cría, sementales o caballos de carreras. TODO. Una noticia que viene conociéndose desde hace meses pero que hasta ahora no ha sido sacada a la luz debido al largo proceso de tramitación que una operación de ese calibre conlleva. Obviamente la cifra de la transacción ha permanecido en secreto pero se habla de algo parecido a los cuarenta o cincuenta millones de euros.

  • El comprador de todo ese emporio –dos yeguadas y ciento ochenta y ocho cabezas de ganado, incluyendo sesenta y dos yeguas de vientre y setenta y cuatro caballos en entrenamiento- no podía ser otro que Su Alteza Karim Aga Khan quién, a diferencia de Lagardère, si ha trasmitido a su descendencia parte del gusanillo del turf en la persona de su hija, la Princesa Zarah, una gran aficionada a las carreras a la que se dice su padre habría regalado el haras d´Ouilly, antes la yeguada privada de Lagardère. “Monseigneur” –como le llaman los franceses- es muy admirado por nuestros vecinos que le han adoptado como bien nacional, ya que es quizá el único que puede toser a los ingleses y dejar en alto el pabellón de casa. No es esta la primera vez que el Aga Khan adquiere un bloque completo de animales procedentes de un mismo propietario –lo hacía en el 77 con los efectivos de Mme. Dupré y un año después, con los de Boussac-, con la diferencia ahora de que se trata de un conjunto de animales en la cresta de la ola y no en declive como ocurría con las dos citadas. La apuesta es exigente porque es mucho el dinero invertido, pero el Aga Khan no es sólo un nombre ilustre del turf sino un hombre de negocios que, aparte de su afición y del placer personal que encuentra en la actividad, busca rentabilizar hasta el último céntimo que ha salido de su bolsillo. Es un estilo perfectamente distinto al de la familia Maktoum -pongamos por caso- para quienes el aspecto económico suele pasar a un segundo plano, en aras de una motivación deportiva y, en buena medida, política.

  • Afortunadamente para aquellas personas que llevan muchos años prestando sus servicios en las ayer yeguadas de Lagardère, el nuevo propietario respetará escrupulosamente sus puestos de trabajo, por lo que no se producirá fisura alguna en la actividad diaria. Del mismo modo, los caballos que se encuentran en entrenamiento permanecerán con los mismos preparadores que tenían hasta la fecha.

  • Destaca sobremanera la situación de privilegio en que esta magna operación de compraventa ha colocado al jockey belga, C. Soumillon, ya que, en tanto que primer jockey del Aga Khan, va a contar con muchas más opciones que en años anteriores, en perjuicio de nuestro compatriota I. Mendizábal, con menos oportunidades que su rival, tanto en cantidad como en calidad, si bien el donostiarra conducirá a los efectivos del Aga Khan que permanezcan con Rouget –quince-, siempre que Soumillon no pueda montarlos.












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