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miércoles 22 mayo 2024



- 21/04/23
La jornada inaugural de WINDSOR
Un recorrido por vez primera al regio recinto británico

Rodrigo García Bergareche

El despertador suena diferente a las seis y media de la mañana cuando se trata de ir a las carreras.

  • En general, suena siempre diferente con respecto a la rutinaria estridencia de la obligación. En esos días, los más comunes, las sábanas parecen de hormigón y una viscosa languidez atrapa contra el placentero reducto de la cama. Pero hoy, especialmente hoy, según suena la alarma se abren los ojos de par en par y se salta como un resorte al nuevo día, espídico, porque un nuevo hipódromo se avista en el horizonte de las próximas horas y no se quiere perder un solo segundo.

  • La ruta 99-53 tiene otra luz desconocida a horas tan tempranas, a ello contribuye también un sol vidrioso producto de una neblina que se irá disipando poco a poco durante las dos horas de trayecto hasta Waterloo. Desde allí, un tren me deja en Windsor una hora después.

  • La primera imagen que asalta la vista al salir de la estación es la torre redonda del famoso castillo de la localidad, que se remonta al siglo XII. Como hay bastante tiempo -son las once y hasta las dos no se inicia la jornada-, merodeo un poco por la zona y luego emprendo el camino, paseando por las orillas soleadas del Támesis entre pequeños parques y típicas casas inglesas adosadas. Entre medias, entro al tupido jardín de una iglesia que actúa también de cementerio y pienso que no hay antítesis más sugerente que el eterno descanso de los muertos en un día de primavera radiante.

  • El prolegómeno que es la larga avenida desde la que se accede al recinto se recorre con una sensación extraña que suele devenir cuando se va a disfrutar de algo que está ya en nuestra mano. En estos casos, paradójica y simultáneamente, uno quiere y no quiere llegar al sitio donde está aquello que se desea, hay una voluptuosidad enigmática en exprimir los momentos previos, como si el bocado fuese a resultar más sabroso cuanto más se posponga. Por el contrario, a la vez, también sobreviene un ansia por arribar a esas nuevas playas y explorar el territorio virgen. De toda esta contradicción resulta un caminar desigual, a acelerones y frenazos, ya que por momentos se aprieta el paso para al instante aminorar la marcha.

  • Por fin, girando a la derecha se contempla una larga colina no muy pronunciada, dividida en dos por una carretera delimitada por vallas blancas, en la que veo una metáfora de una pista de carreras. La senda asciende levemente y vuelve a girar a derechas, atravesando un puente sobre un pequeño canal. Se abre una explanada y ya se avistan las puertas del hipódromo.

  • Como siempre, de primeras, una ávida ronda de reconocimiento. Paso por las gradas, entro a todos los bares, las taquillas de apuestas, los dos paddocks y, como no, la interminable recta final, que se pierde a lo lejos, pues tiene unos primeros seiscientos metros diáfanos, que se prolongan, tras un codo, en otros 3 furlongs más.

  • Entre esta inspección minuciosa y el último estudio de la jornada, ya con el programa en la mano, sentado en una mesa al sol, pasan las dos horas que restan hasta que llegan los caballos de la primera al pre-parade ring, un primer paddock al que se van asomando los primeros ejemplares de este hándicap clase 6 para potras de tres años sobre 5 furlongs. Pearly Gaits es la primera en llegar, una yegua enorme que da mucha guerra a su mozo y cabecea inquieta constantemente, tanto es así que finalmente sale a pista sin su jockey.

  • Ya en carrera, sólo se pueden seguir los primeros seiscientos metros por una enorme pantalla, porque precisamente esta misma tapa lo que ocurre al comienzo de la línea recta. Lo primero que se ve, justo antes de atisbar al grupo de cinco corredores, son los coches que los acompañan. La número 2, American Rose, que lidera en un primer momento bastante fácil, acabará cerrando el trío. Es sobrepasada por fuera por All In The Hips, de azul oscuro con hombreras, mangas y gorra celestes. Ésta parece ganadora durante los furlongs finales, sin embargo, de repente, la revoltosa Pearly Gaits da un acelerón que nadie espera y termina por comprometer la victoria, llegando a una nariz. El terreno tira un poco, se ha dado como blando, tirando a pesado en ciertas partes, “soft to heavy”.

  • Ha acudido bastante gente en este lunes inaugural de la temporada, aprovechando también el buen tiempo, ya que por momentos hace hasta calor. Como ocurre en Kempton, poca gente sube a la pequeña grada, se siguen las carreras a pie de pista ayudándose de la retrasmisión. Hay también muchos puestos de bookies repartidos casi por todo el recinto, a la entrada, en el paddock y frente a la tribuna la mayoría de ellos.

  • La segunda tiene poco juego porque sólo corren tres. Es una prueba de novices clase 5, también sobre los 1000, que se presenta como un mano a mano entre el 2, Valour And Swagger, que lleva su nombre en la grupa marcado a cepillo y la 3, Dapperling. Queda como convidada de piedra una debutante, Perelle, que acaba a veinte cuerpos del 2. De rojo, con mangas y gorra a rayas rojas y blancas, se pega un paseo en un “impressive final furlong” en palabras del locutor, donde no da ninguna opción a sus rivales. Previamente en el paddock se había mostrado irritado, relinchando y amenazando con ponerse de manos. Su compañera, Perelle, le respondía cándidamente a los relinchos, como tratando de apaciguarlo. “Why is that one unhappy?” pregunta una señora a mi lado sobre el ganador, que se come al lote quizás azuzado por el cabreo.

  • El día se nubla un poco antes de la tercera. Es una prueba que tengo ganas de ver, primero porque es un lote de campanillas con respecto a los orígenes y también por el trazado en el que se van a disputar estos 2000 metros o 10 furlongs para debutantes de tres años.

  • En una misma carrera hay hijos de Kingman, Sky Lantern, Nathaniel, Frankel y Sea the Stars… Casi nada. Cuando miro de cerca a estos potros, pienso que descienden de todos esos mitos a los que vi por televisión escribiendo la historia de este deporte. Además, por primera vez, observo en directo la icónica chaquetilla de Juddmonte, con esos colores pastel, verde turquesa pálido cruzado por una banda rosa, gorra rosa y mangas blancas - sólo faltaría que la vistiese Frankie Dettori, pero sigue en su periplo californiano-. No obstante, a priori, el de Frankel, con el que voy en espíritu, no parece descendiente de un campeón, pues sale desganado al paddock, con la cabeza gacha y sin garbo ninguno, aunque luego todas estas apreciaciones bien pueden quedar nada más que en nimiedades. Quien sí destaca por su porte es el favorito, Fairbanks, el hijo de Nathaniel y Fantasia, una yegua múltiple ganadora y colocada en grupos, hija de una leyenda de la cría como es Sadler’s Wells.

  • Por otra parte, el recorrido es extremadamente peculiar, debido a la disposición de la pista, que dibuja un ocho asimétrico, siendo el único hipódromo de liso en Reino Unido que presenta esta forma (sólo hay otro similar, Fontwell Park, de vallas). Las curvas son cerradas y la más cercana al público no se usa en carreras, por tanto, no hay carreras de fondo, siendo los 2200 la distancia límite. Debido a esta idiosincrasia particular, hay una ambigüedad manifiesta a la hora de catalogar a qué mano se corre en las pruebas a partir de los 1400 metros, ya que se empieza a mano izquierda, para cambiar en el giro a derechas. Finalmente, en el recto, lo que deberían ser los palos de fuera son, en efecto, los interiores.

  • Así las cosas, es la primera vez en mi vida que veo en carrera las grupas de los caballos en plena recta final, cuando toman, tras la salida, la intersección que atraviesa la recta para abordar la curva, a partir de la cual ya enfilan la meta. El favorito, Fairbanks, y Liable, el Juddmonte, toman la cabeza, les sigue el hijo de Sea The Stars, Loving Feeling y el a la postre ganador, Clever Relation a 12 a 1, de verde oscuro con gorra a cuadros del mismo color y blanco. Gana sin apuros por fuera, por donde también arranca el 3, El Jasor, que se impone a Loving Feeling por dos cuerpos. Queda muy lejos Liable. Hacen la gemela los de orígenes “humildes”, entre comillas claro, pues el vencedor es hijo de Intello, ganador del derby francés, y Sweet Selection, ganadora de grupo 3, siendo El Jasor un potro de Le Havre, retirado al ganar también el derby francés, y Manaha, que no destacó en pista.

  • Con la cuarta volvemos a la velocidad, esta vez sobre 6 furlongs, en un hándicap clase 4. Es la única en la que voy a apostar, y me decanto por el 2, Cuban Breeze, ganador en pista y distancia, que vuelve a los valores ganadores de su última victoria, precisamente en Windsor, una clase 2 en Agosto del año pasado, y Lil Guff, doble ganador la temporada pasada que ha reaparecido recientemente quedando tercero en Kempton. Ambos, a 8 a 1 y 6 a 1 respectivamente, no hacen absolutamente nada. Gana el 11, Coco Bear , de rojo con uve azul, gorra roja con estrella azul y mangas blancas con estrellas azules, corriendo al acecho de los punteros, se hace fuerte por dentro y no da opción a sus rivales, dejando al segundo, Tyger Bay, a dos cuerpos holgados. Éste muestra un aire ganador por fuera, es el último en ser movido por su jockey, sin embargo, se termina contentando con salvar la posición que ya tiene ganada frente a Capote’s Dream, rematando por el centro, y al que mantiene a raya por apenas un cuello. También se suma finalmente a esta pelea Beyond Equal, que acaba fortísimo, y cerrando a 14 a 1 no llega por una cabeza al trío.

  • Si ganaba algo en esta tenía pensado jugar en la siguiente, un hándicap clase 5 en la milla, a la 1, Sly Madam, de negro con círculo blanco, gorra blanca y mangas blancas con lunares negros. Como eso no ocurre no saco el boleto y, haciendo honor a la costumbre, para no cambiar el orden universal, se pasea ante su lote, venciendo por casi cuatro cuerpos a 6 a 1. Me gustaba también Carp Kid, un hijo de Lope de Vega que no destaca por su actuación, sino porque le han presentado en el paddock con purpurina en la grupa.

  • Viajando en el centro del pelotón, remata por los medios y se despega muy fácil. Llama la atención que su jockey, Willam Carver, con todo decidido se cambie la fusta de mano a cincuenta metros del poste. La emoción la pone el grupo de cinco competidores tras ella, luchando su carrera particular. Sly Madam inicia las hostilidades por detrás de este muro, no obstante, en cuanto se le abre el hueco les quita las pegatinas. De dentro a fuera, disputan la plata Bruno’s Gold, Oh Herberts Reign -el favorito-, Rival, Devasboy y Micks Dream. Quedando segundo Devasboy, viajando en punta y luego Rival, en el meollo del paquete. Entre todos ellos no hay ni medio cuerpo de diferencia, lo que siempre da lugar a una llegada bonita de ver.

  • Más tarde, mientras los participantes hacen el canter de la siguiente hacia cajones y yo el mío hacia la grada, me sobreviene una imagen que permanecerá siempre en el recuerdo. Porque podrá olvidarse la mayor parte de lo que está sucediendo esta tarde primaveral de Abril, los diferentes resultados, los nombres de los protagonistas, las chaquetillas, las caras de la gente que observo o los retazos de conversaciones que oigo, todo eso se perderá inevitablemente con el tiempo, pero nunca esta magnífica visión de la larga pista de Windsor, perdiéndose hacia el horizonte, resplandeciente bajo un sol que ha hecho nuevo acto de presencia y que descarga sus haces de luz a través de una enorme, olímpica masa de nubes que se interpone en la caída perpendicular de los rayos, dándoles presencia y haciéndolos tangibles.

  • Minutos después, los caballos cabalgan bajo ellos, iluminados por la gracia. Lo hacen en otro hándicap clase 5 sobre la milla, que se anota el número 6, Alpha Crucis, de verde oscuro con un rombo azul. Durante un trecho pelea con Lunarscape, habían permanecido juntos en medio del paquete para separarse a la hora de iniciar el ataque, uno por dentro y otro por carriles más centrados, para volver a juntarse cabeza con cabeza hasta que Alpha Crucis termina por da un empujón extra y dirigirse hacia la victoria jaleado por los que supongo que son sus propietarios, que animan a voz en grito y celebran posteriormente desde la grada reservada frente a meta. Remata el número 7, Macho Sun, para ser tercero. Es otro hijo de un semental que he visto mucho aquí y que llama la atención por su nombre, Camacho, que resulta ser un Juddmonte ganador de Listed y segundo de Grupo 3.

  • Llegamos ya casi al final de la jornada con las dos últimas pruebas, ambas en 2000 metros. Me he dado cuenta a lo largo del día que la gente me miraba un poco extrañada al verme con los prismáticos. En general, tanto en Kempton como aquí no se ve apenas público con ellos, lo que supongo que se debe principalmente a la poca altura de las tribunas. Además, a este hipódromo se le añade el extraño recorrido que aún me tiene perplejo. Uno piensa que, en esencia, no puede encontrarse ya nada nuevo, o genuinamente nuevo, porque, a pesar del cambio de paisajes, entrenadores, jockeys, corredores y demás, no difieren del hecho en sí al que ya estaba acostumbrado muchos años antes de venir a Inglaterra.

  • No obstante, esto sí que nunca lo había visto. El grupo parte de cajones, atraviesa la recta, los tapa la enorme pantalla, se les atisba dirigiéndose a la curva, de la que no hay campo visual porque lo oculta un grupo de árboles, vuelven a aparecer saliendo de ella, de nuevo la pantalla los esconde y aparecen por fin, a seiscientos metros de las gradas, enfilando el desenlace. Todo este entrecortado seguimiento de lo que ocurre hace, efectivamente, que los prismáticos no tengan la importancia que pueden tener, por ejemplo, en Lasarte o Madrid, y especialmente en el primero, donde no hay monitor. A pesar de que, en efecto, se siga mejor la carrera siguiéndola proyectada, me niego a hacerlo en una especie de arrebato platónico. Aunque el caballo que yo enfoco lo veo pequeño y sin perspectiva, sigue siendo el caballo en sí, o lo que yo considero como el caballo en sí desde mi aprehensión de la realidad (el caballo en sí nunca lo voy a conocer, pues no puedo salir de mi condición humana y de esta percepción del mundo. Podría decirse incluso que no existe fuera de mí). La imagen de la retrasmisión ya es otra cosa, es una copia de este animal mamífero cuadrúpedo, Equus Ferus Caballus, que está respirando, cuyo corazón bombea sangre a millones por hora sustentando el esfuerzo de la carrera y que tiene todos sus músculos en tensión para llegar el primero. Quizás no sea más que un manchurrón lejano al que podría seguir mejor en la pantalla, pero para mirar una televisión no vengo al hipódromo.

  • He de reconocer, cínicamente, que de vez en cuando le voy echando ojeadas.

  • Así las cosas, el manchurrón que acaba ganando esta séptima es Mr Zee, de rojo y azul a rayas, con misma gorra y mangas blancas con brazalete azul. Gana de punta a punta imprimiendo un paso carreta que a la postre le conviene. Desde atrás llegan Warhol y Albus Anne. El primero se viene demasiado pronto, adelanta a su compañera en la retaguardia y llega a disentir con con Mr Zee brevemente, éste viene con suficiencia, apenas es exigido y, cuando le pide su jockey, termina por irse. Este conato de pelea le pasa factura a Warhol, que termina por ser tercero tras un desfallecimiento final y su peso, considerablemente más alto que el de sus contendientes, además del remate de Albus Anne, con más fuerza de finales. La distancia en meta, tres cuartos de cuerpo, es un poco engañosa, porque la yegua venía en su pico de aceleración y Mr Zee ya dejándose llevar.

  • Finalmente, después de casi seis horas en este nuevo lugar que se me han pasado volando, llega la última prueba. Estoy ojeando tranquilamente el programa en el paddock cuando resuena un estallido, es el número 6, Lawn Ranger, que acaba de propinarle una sonora coz a la valla, al momento repite la alegría delante de un aficionado, que, si bien está a salvo, hace un movimiento reflejo e instintivo hacia atrás. El amigo Lawn Ranger sigue tirando coces colérico, para luego saltar al verde y ganar la carrera, una clase 5, de punta a punta y cómodo, de azul oscuro con cruz de lorena, gorra y mangas rosas, dejando a dos cuerpos a su inmediato perseguidor, Beryl Burton y a cuatro al siguiente, Hot Team, que tienen poco que hacer frente a la actuación de este Lawn Ranger, o “agente de la pradera”, nombre bastante consecuente, pues no deja que nadie se le suba a las barbas en la hierba.

  • Y con esta llegada, acaba mi visita a este acogedor y particular hipódromo, toda una institución del turf, pues lleva organizando meetings desde 1866, aunque se cuenta que ya en época de Enrique VIII (1509-1547) el rey y los nobles ponían a sus ejemplares a correr, en lo que era un coto de caza real.

  • Bajo a los palos y contemplo la pista, ya vacía y en calma acabada la agitación, recorro el hipódromo de Windsor tratando de grabarlo todo en el recuerdo y cruzo las puertas en sentido contrario. Ya no hay vuelta atrás y me asalta la misma pregunta que al salir por última vez de Kempton: ¿Volveré algún día?

  • Enfilando el largo camino hacia la salida, que se recorre esta vez con una luz distinta a la de la mañana, más melancólica ahora, el ganador de la última, Lawn Ranger, se dirige a los establos conducido por su mozo eufórico. Ya se le ha pasado la cólera y avanza relajado, en paz con el mundo después del éxito, sin embargo, me mantengo a una distancia prudencial.










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