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martes 18 febrero 2020



Gran Bretaña - 16/07/03
ROYAL ASCOT EN VIVO (y III)
De transportistas y transportados

ROYAL ASCOT EN VIVO (I)

por César A. Guedeja-Marrón de Onis

  • Decíamos que las alternativas al término de las carreras de cualquier día de los que componen el Royal meeting de Ascot eran dos: O quedarse para contemplar cómo festejan los pictos el fin de la primavera, tal vez las ganancias en las carreras o, si acaso, el fervor patriótico empapado en alcohol que les produce tanta belleza equina; o la segunda opción a saber, salir disparado hacia el tren con la esperanza de tomarlo en unos 45 minutos si hay suerte. Del coche, ni hablamos. Las dos horas a Londres se me antojan un buen tiempo de carrera utilizando este medio de transporte. Más rápido a caballo.

  • Pero antes de ese momento, todas las jornadas nos han dejado los ojos muy abiertos de admiración, el bolsillo cuasi vacío, y una cierta decepción por no haber “visto” las carreras con la agudeza necesaria para acertar el orden de llegada. De lo que no hay duda es del inmenso placer que el aficionado auténtico ha de sentir apreciando la exactitud milimétrica con que se desarrollan todas las operaciones, la duración de cada fase, la presentación de los participantes, parecida a veces a un concurso mixto de belleza y culturismo, la doma que lucen los caballos, incluidos los zascandiles potros de dos años, la calidad de los jockeys, la verdad del tren de las pruebas, la selectividad de los recorridos y de la propia pista, adornada con una colina final que no se la salta un burro cualquiera... y tantas otras cosas admirables.

  • Hagamos un alto en el tema de la durísima cuesta final. Es de ver cómo la entrega de los caballos que atesoran clase les lleva a estirar las manos como si quisieran prolongar la zancada por encima de su dimensión natural. Precedido por una puesta en marcha muy pronta en vista de que la recta no es muy larga el esfuerzo es tremendo, literalmente tremendo. Y si el elemento en cuestión no lo presta, no será un laureado en tal pista, lo que equivale a estar en el crujir de dientes de los équidos, fuera del Gotha de los mejores, los ganadores en Ascot, casi en cualquier categoría de carrera. La suma selección.

  • Evidentemente, eso es más contundente y cierto para los grupos 1, si bien me atrevo a criticar la asignación de tal rango a la Gold Cup e incluso al Queen Anne y mantener el grado del King’s Stand, lo que no impide que un mismo caballo dispute, y sea capaz de ganar, también 4 días más tarde el Golden Jubilee, de la máxima categoría, diferenciándose en que esta tiene 200 metros más respecto a los mil de la primera. Dijimos ya que la sensación del 2003, Choisir (Danehill Dancer y Great Selection por Lunchtime), australiano de pro, un monstruo de potencia y fuerza bruta, con una grupa digna de un elefante (si bien mucho más perfecta) y una salida de cajones que yo juraría asusta a los demás, se paseó en el grupo 2 , dejando detrás singularmente a Oasis Dream (Green Desert y una hija de Dancing Brave), más clasudo a mi juicio, pero que reaparecía después de una lejana y buenísima campaña a dos años. Prometo que no me ciega la pasión por “mis” colores, los de Khaled Abdullah. Segundo llegó Acclamation (Royal Applause).

  • En el grupo 1 del sábado Choisir hizo casi lo que le dio la gana, acabando por el lado contrario al que le había correspondido salir en la pista , dato que en línea recta es todo un lujo . La muy esperada torda Airwave (Air Express y una hija de Indian Ridge) no pudo aplicar a tiempo su espeluznante aceleración, circunstancia que se le repetirá varias veces en su vida de competición porque, en campos tan nutridos como los que pueblan las carreras de sprinters (todos echan su cuarto a espadas, entre otras cosas porque la salida tiene una importancia decisiva y se puede uno beneficiar de ello o de la desgracia de los demás), resulta difícil encontrar siempre la calma y el hueco precisos para, sin obstáculos, aplicar la velocidad de un bólido a tope.

  • El St James Palace St. tiene un palmarés pasmoso: Rock of Gibraltar, Giant´s Causeway, Sendawar, Bahri, Grand Lodge o Kingmambo nos hablan de lo que hay que galopar para inscribir el nombre ahí. Sin embargo este año la cosa ha bajado de tono, con todo el riesgo que afirmaciones como esta entrañan. No me parece que Zafeen sea comparable a los mencionados. Preparado por el habitualmente exitoso M. Channon, el hijo de Zafonic y Shy Lady por Kaldoun, montado por un jockey de gran fiabilidad, Holland, batió a un campo en el que, en sentido estricto, a uno solo le parecen atractivos, de verdadera clase, Clodovil (Danehill), imbatido hasta esa carrera, y quien llegó segundo, Kalaman (Desert Prince), un Aga Khan que mejorará.

  • El Queen Anne St. fue presa de Dubai Destination (Kingmambo y Mysterial por Alleged) frente a un repugnante favorito como Hawk Wing (Woodman), y algún buen miler viejo como Desert Deer (Cadeaux Genereux) o Tillerman (In the Wings).


  • Ya creo haber citado en esta serie a Nayef, un poco consistente hijo de Gulch y Height of Fashion por Bustino (entiéndaseme, hablamos a muy alto nivel), incapaz de repetir valor, que ganó con alguna facilidad el Prince of Wales St. frente a su compañero de cuadra Grandera (Grand Lodge ), de mejor calidad pero muy resabiado y locatis, que corrió peor que nunca, y dejando detrás, en el orden que se cita, a Ratki (Polish Precedent), cotizado a 50 por 1, e Islington (Sadler’s Wells) a quien no le auguro fácil tarea hacer suya una prueba de grupo 1 en el año por mucho Sir Michael Stoute que la entrene. También corrió (¿?) Moon Ballad (Singspiel).

  • Pronto padecerán ustedes mi diatriba de siempre contra la Gold Cup, así que imaginen el valor que me merecen el Cadran, las Cups (que deberían ser de latón) o el Gladiateur. Mr Dinos (Desert King) la ganó frente a un lote de asnos, no por más respetables como seres vivos menos despreciables en cuanto expresión de la velocidad que define al pura sangre. Pero hago ahora un alto en el Lady’s Day (el día de las mujeres, como si no lo fueran todos), que es cuando se corre la Copa en cuestión, y que es el colmo de la aglomeración humana. Creo que ese día llenaron el hipódromo 78.000 personas. Y estoy convencido de que todas las mujeres inglesas con posibles para endomingarse un poco están allá, sin tener mucha idea de si corren caballos o canguros. Eso sí, liban con masculina afición, se sientan o acuestan derrotadas en la pelouse que bordea el paddock a partir de la segunda carrera, a encajar una siesta y tal vez una cogorza, convirtiendo el trayecto obligado para el turfman entre Tribuna y paddcock (go and return tantas veces como carreras se disputan ) en un slalom especial en el que, como le sucedió a un amigo de igual manera que puede pasarle a cualquiera, cabe que un guardaespaldas de la mismísima Reina, haciendo la manga de regreso, despeje contundentemente el camino a empujones pues la cantidad de gente impide ver hasta donde uno está . Un semáforo permanente… Terrible el panorama de ese día, el más duro del meeting.

  • Punto importante este año era la Coronation Cup, de la que ya dimos las pinceladas correspondientes olvidando quizá elogiar al único ibero actor del espectáculo que por allá estaba, Ortiz de Urbina, un jinete que consigue la confianza de Fenshaw en una selva tan difícil como las carreras inglesas, que es como decir las más selectivas del planeta. Atención a su futuro si tiene oportunidades. Desde luego debe ser quien mejor entiende a Soviet Song (Marju), a la que condujo siempre bien, tras la superioridad de Russian Rhythm (Kingmambo), al segundo puesto de la gran carrera.

  • De las dos opciones que apuntamos al comenzar este trabajo, la de quedarse en el templo a disfrutar el festivo ambiente tras las carreras, con riesgo de que alguna señorita con copas de más (no nos engañemos) se le siente a usted en las rodillas, le cambie el sombrero o le pida una sonrisa, tiene el tributo de coger el tren cuando S Juan se digna descender el dedo. Las uvas le dan a uno a cambio de ver a la masa de toda extracción cantar a voz en cuello, coreando las músicas patrióticas que una banda típica, opuesta a la orquesta Veramán, interpreta al gusto de todos. Al finalizar, una parte del pueblo, la que conserva aún sus facultades mentales en un 10 por ciento, sale rauda hacia la estación. Del destino de los que permanecen allá no tengo noticias. Supongo que habrá un servicio de recogida de cadáveres o algo así. Y uno de limpieza para todo género de detritus, pues sabido es que el hígado, por ejemplo, tiene un límite y el “pimm’s”, el champagne, la cerveza y demás productos afines le atacan sin piedad, exigiendo un desalojo no siempre oportuno.

  • La opción menos atractiva , la de abandonar la tentación y acudir sin vacilación a la senda que conduce al tren implica alguna chance más de llegar a la hora de cenar a Londres, lo que está lejos de todo record si tenemos en cuenta que la última carrera se disputa a las 5,30.

  • Es fácil toparse, camino de medios de trasporte, a gentes como Hughes, un joven jinete de “mi Cuadra”, la de Khaled Abdullah, que va para figura por energía, sentido del paso y frialdad, acompañando al gran Pat Eddery, el mejor jockey en conjunto que uno haya visto, con dos excepciones. Una objetiva, que no admite dudas, la de Lester Piggott, y otra de gusto personal , admirativa de la genialidad, la de Cash Asmussen. Habría otras preferencias a un menor rango pero no es el momento de exponerlas. Lo que importa es que Eddery se retira este año. Y eso entristece por el maldito discurrir de los años y porque desaparece un ejemplo de profesionalidad y honradez, de confianza del apostante en la máxima aplicación de sus habilidades para defender la chance del caballo asignado. Y, si no, que le pregunten a mi hijo el menor. Como cuando era “caneco” en su propia expresión, gritaba en la Tribuna de The Curragh con acento chamberilero “Hala, Eddery” obteniendo resultado positivo para su apuesta. Un cheque al portador.

  • Recordar sus grandes montas requeriría un libro. Baste citar una a Manet, un Pascualete que, estoy persuadido de ello, no hubiera ganado el Villapadierna (o el Nacional, no recuerdo bien) de otro modo, o por ahí, y la fácil y confianzuda al gran pequeñajo Dancing Brave, de “mi Cuadra” por cierto, en el Arco de Triunfo mejor que uno haya visto, dónde batió a varios ángeles del Señor como Bering , Tryptich, Sharastani..., machacando con una punta de velocidad de muerte, viniendo calmo por fuera y sin forzar. Se dice pronto que era un grandísimo caballo, sí, pero hay que tener mucha clase para no perder la tranquilidad ni por un segundo y esperar al máximo en un Arco. El palmarés es pasmoso: 73 victorias en Royal Ascot, más que nadie, 465 victorias de grupo y casi 4.600 en total. Una de ellas, creo que el St. Leger, peleando toda la recta cuando padecía una hernia de disco de la que fue más tarde operado. Heroico. Y no se hable más. Salve.

  • El camino, la senda de los elefantes más bien, hacia la estación, visto en el recuerdo, tiene mucho de película cómica, inglesa por supuesto. Padecido en vivo lleva a la desesperación. Cuesta abajo en la rodada, como en el tango, seres de diverso pelaje, edad, saber y gobierno, descalzas las mujeres, despeinados y hasta descamisados los hombres, presuntos gentlemen o lumpen , derrotados todos, sacan fuerzas de flaqueza para alcanzar cuanto antes la inmensa cola, teóricamente controlada por la Policia, hasta llegar, en tandas sucesivas, al privilegio de ocupar el andén y cazar el próximo tren a Londres o a Reding, en el otro sentido. Dantesco. De pié, rogando al Cielo para que no llueva o para que afloje el sol, se pasan buenos minutos hasta el momento supremo, la gran pelea final del asalto al tren, que no es el de Glasgow, rezando por que una de las puertas del convoy caiga cerca de nuestra posición, con la nada cristiana idea de triturar, masacrar si falta hace, a quien se interponga en el camino a un asiento. Una vez dentro, todavía se reconcilia uno con la raza humana al ver que samaritanos, muy cristianos turfistas provenientes de la cañí, son capaces de ceder su asiento-joya a una anciana despistada o quizá aficionada de pro, que se ha metido en tamaño berenjenal. Pero, cuidado, ha de aclararse que los samaritanos son gente casi joven. Así cualquiera, exagerando un mucho.

  • No obstante, puede suceder que ese noble sentimiento se troque en un verbo en indignación contra todo, el “maldito sea todo” del protagonista divertido de un novelista inglés, cuando se informa por megafonía que ha de abandonarse el tren... porque está jeringado. En realidad, los jeringados son los cientos de destrozados perdedores que buscan el descanso porque, tal como pasó el viernes del Coronation Stakes, la espera hasta alcanzar el tren había rebasado la hora y media a causa de un supuesto incendio en la estación siguiente. Fuera como fuese, el viaje a Londres de ese día exigiría un relato en exclusiva que no vamos a hacer aquí. O leanse a Emilio Salgari.

  • Mejor nos dedicamos a rememorar los avatares del meeting, que se comentan con profusión durante el trayecto. Por poner un ejemplo, la polémica sobre la Copa de Oro. Este año, el tal Mr Dinos se ha pegado un paseo que, de finales y por cotejo con sus rivales, le hacia parecer un caballo de carreras de verdad. Sin embargo, sigo opinando que ni de lejos merece la categoría de grupo 1 ni es una carrera propiamente dicha más que, aproximadamente, en su mitad. Se me dirá que en Francia se corre aún más lento. Cierto, y no solo en el fondo, pero eso no avala la calidad presunta de la Copa de Oro, que a mí me parece más tabarra, año a año. Cualquier handicap es más divertido. Y, mal comparado, y lo digo en disfavor de la de grupo 1, el Queen Anne St, de grupo 3 y sobre 3.200 metros, fue infinitamente mejor, corrido a cara de perro, auténtico, y revelador de un enano nieto de Teresa (Singspiel y Allespagne por Trempolino y Teresa por Rheffissimo y Takala por Takawalk.... ¿se acuerdan ustedes?) que logró a base de clase y enorme corazón superar sus inferioridades físicas y colocarse buen tercero. Se llama Cruzspiel, está entrenado por John Oxx, y volveremos a oir de él. Le batieron dos gigantes en alzada, Shanty Star (Hector Protector y Shawanni por Shareef Dancer) y Singleton (Singspiel).

  • Por razones obvias se tiende a preferir el relato de los grupos 1 pero les aseguro que hay cosas de grupos inferiores y hasta de listed races que son de sumo interés. Y en esta línea no resisto la tentación de lanzar un slogan más que recomendable: “ponga un pintor (o pintora) en su vida”. Tal es la atracción que para mí tiene la descendencia del posiblemente mejor caballo de las últimas décadas, Peintre Celebre (Nureyev), cuyos hijos, tras avatares comerciales que no avalaban su producción (descenso en el precio, dudas, que si los físicos no son muy allá, que si los problemas de hueso son considerables, que si corren pocos y poco, que si...) no auguraban nada bueno. Y sin embargo, ya tiene ganadores clásicos, como el reciente laureado del Derby alemán Dai Jin, que ya apunta al Arco, y colocados como el segundo del Jockey Club, Super Celebre, de Wildenstein, su raíz de origen, que también tiene como objetivo la gran carrera de octubre. Pero también a otros niveles los “pintores y pintoras” producen mucho placer. Son distintos. Tienen clase, físicos nada espectaculares, como corresponde al muy justito de su padre y, sobre todo, “tienen gracia”, distinción, “dicen” mucho y roban la cartera a los partidarios de la maña por encima de la fuerza. A los partidarios, por poner un ejemplo de actualidad, de Oasis Dream frente a Choisir. Como este su escriba.

  • En Ascot, Inglaterra, tierra no muy proclive al uso de sementales que han probado su clase solo fuera de las Islas, como es el caso, ganaron dos “pintores” durante el Royal meeting. Uno, de muy buena clase, Pearl of Love (de Ann Pearl por Seattle Slew), ganador de la listed Cheesham St (1.400 metros), montado seguramente a contraestilo, pues se suelen caracterizar estos por la carrera más de espera para aplicar una punta asesina, sobre todo teniendo en cuenta que hablamos de dos años. Pero los ingleses ya se sabe que exigen sin duelo. Por otro lado, en menor categoría, también ganó un tres años (de Moon Flower por Sadler’s Wells), llamado Fantastic Love y también propiedad de Mr Doyle (que sabe lo que se hace, evidentemente), en un handicap de no muchos participantes, veinte. Y no crean que bromeo. Una de las cosas más singulares y constantes del meeting es el “averigua quién te dió” de los handicaps. Un campo de 32 caballos es verídico y no insólito. Y a mí eso me encanta. Me dicen que en Francia se ha limitado el número POR MOR DE LA INFORMATICA (No, si cuando uno dice que eso es pernicioso...) a 20. No saben lo que se pierden. La Brigada de la Caballería Ligera... pero con calidad. Divertidísimo. Y remunerador para videntes.

  • Terminemos lo que se refiere a transportistas equinos con una mención de pasada a algún ganador de grupo 2 y hasta de grupo 3 aún no reflejados. El Ribblesdale lo ganó Spanish Sun (El Prado), de Khaled Abdullah, una hembra que optará a lo más alto con grandes posibilidades de asustar y no sé si de desbancar a las reinas de la distancia clásica. Tomen nota: Sir Michael Stoute la presentaba por segunda vez en público, después de haber ganado a dos años, 269 días antes, en el debut. Más tierna, imposible. E Indian Creek (Indian Ridge) se hizo con el Harwicke St. en un campo no muy lucido.

  • El Jersey St (una milla) fue para Membership (Belong to Me), el Queen Mary, también de grupo 3, para hembras de dos años, y en mil metros, lo ganó Attraction (Efisio) y el Norfolk St., en la que sólo compitieron machos y con condiciones idénticas, Russian Valour, un Falsiyev más, muy precoz, como lo fue su padre.

  • Finalmente, el King Edward VII St. inscribió en su historial a High Accolade, uno de los pocos Mark of Esteem que merecen realmente la pena y el Coventry St. a otro elemento de Abdullah, cuya temporada es simplemente fastuosa (ha llegado hasta ganar una clásica en USA), Three Valleys (Diesis), mostrando gran estilo.

  • A las tantas, llegamos a Londres. Renuncio a describir el estado de nuestras ropas, complementos y moral. Ni tiempo de descansar, tomar una ducha y cenar algo que no se haga cenizas en la boca. Horrible sensación de agobio, de querer sopas y sorber. Pero siempre menor que la que debe sentir un conspicuo personaje del mundo de las carreras, que nos sirve para concluir definitivamente, y que he de mencionar más por no incurrir en omisión que porque no esté ya suficientemente tratado. Me refiero a O’Brien y su estrepitoso fracaso en este año 2003. Sus pupilos corrieron fatal siempre y los resultados, claro, fueron opuestos a los de los años recientes. Pero no es cosa de que yo invada el terreno en tema tan caro de otra pluma (¿o debería decir “tecla”?) muy asidua en “masdehipódromos”.

  • Y ahora, finiquitado el meeting, a olvidar las penalidades y rumiar los momentos exquisitos de Royal Ascot. Que ya es Historia. El del año que viene contribuye a sostener el ritmo y la ilusión en la carrera de uno por este mundo. Que lo pasemos bien todos hasta entonces. Y a estudiar desde ahora mismo. Que los dos años ya están en liza.










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