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miércoles 19 junio 2019



- 06/06/19
En recuerdo de HÉCTOR LICUDI "Lasarte" y FRANCISCO QUÍLEZ "Quilates"
Los vínculos que tuvieron dos de nuestros más destacados periodistas hípicos en el día de celebración de sus premios

por Francisco Salas

El domingo próximo como viene produciéndose desde 2016, los premios Héctor Licudi "Lasarte" y Francisco Quílez "Quilates" volverán a coincidir en el tiempo y en el espacio dentro de la celebración de un programa de carreras. Mucho antes ya habían coincidido en muchas cosas compartido juntos mismas prácticas o mismos escenarios: licenciados en derecho, periodistas en ejercicio, aficionados a las carreras primero; especializados cronistas de ellas más tarde y ello, hasta merecer en el aplicado ejercicio de tales funciones, la categoría de maestros.

  • Licudi (Gibraltar, 1874 - Madrid 1959) traduciría obra, entre otros autores, de Oscar Wilde. En 1929 publica Barbarita, texto en el que describe la realidad social del momento en su Gibraltar natal. Abierto a un amplio espectro de inquietudes, en la que desde nuestra perspectiva de aficionados más nos interesa resaltar es en que la práctica totalidad de las revistas especializadas de su época le tuvieron entre sus colaboradores, pero las más leídas son las que por tratarse de prensa de tirada nacional publica en el periódico ABC y Blanco y Negro durante los años previos a 1937 que tienen un estilo muy literario, y las que después aparecerán editadas en el diario YA en 1939 y posteriores, ya muy ceñidas a la descripción de los recorridos. En un estilo personalísimo al tiempo que orientador, procurará trasladar conocimientos a sus lectores sobre la materia turfística que les ayude a progresar adecuadamente en su afición.

    Foto de Alfonso de 1934

  • En su revista Gran Premio de 24 de octubre de 1959, Quilates (Linares - San Sebastián 1973) en un dolido y sentido editorial cuya imagen acompañamos, reconoce a Licudi como un maestro y referente en el que se miran los informadores de entonces. Quienes conocieron a Quilates saben que no se prodigaba en lisonjas gratuitas. Este inspector de trabajo de profesión fue el primero en romper en 1958, un año antes, con su Gran Premio, el oficialismo que hasta entonces había imperado en la prensa especializada.

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  • Pero antes y después en una afición que comenzaría con la asistencia al hipódromo de La Castellana en 1925 hizo otras muchas más cosas: comentarista en Radio SEU y Radio Madrid desde 1941; colaborador de la revista Galope; redactor jefe de revista Caballos; director de Alazán; alma mater total de Gran Premio. Crítico deportivo del Diario Pueblo y la Cadena SER (desde la que sistemáticamente radió en directo las carreras con una emoción indescriptible). Presidente del Club Hipódromo; socio de honor de las peñas Primer Paso, Donostiarra, Moncloa. Medalla al Mérito Deportivo.

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  • De Licudi, al que personalmente no conocí; pero del que sí tengo unos centenares de artículos suyos que D. Manuel Delgado Sánchez-Arjona, con admirable orden y celo fue recopilando y que como doble regalo he recibido en custodia de sus manos. Con una manera muy propia recreó para disfrute y enseñanza de quienes más que lectores eran, justificadamente, seguidores rendidos y devotos.

  • A Quilatés, primero le escuché y después le conocí y me quedó para el recuerdo su relatar desbordante ante el micro, trasladado en un torbellino de emociones, podía incluso mutar en desbordada. Le recuerdo en las terrazas de Serrano: en la cafetería Roma o en El Corrillo, inicialmente sentándose solo, para ir progresivamente emprendiendo conversación hacia las mesas próximas, con muchachos facilitándoles de entradas y animaba a que acudieran al hipódromo para ver las carreras. Casi es innecesario añadir que al final concluía pagando todos lo consumido por la concurrencia.

  • Una actividad inmensa la suya en todas y cada una de las causas que en que se implicaba, fueran el Club Hipódromo, las Poules, la revista Gran Premio, sus programas radiofónicos en la SER, los concursos de pronósticos, su profesión… y todo ello tras haber sufrido un primer infarto, tras el que sólo moderó, con no poco sacrificio, su conducta en el comer.

  • En todo lo emprendido no dejaba pasar por alto ninguna cuestión que él considerara injusta. Tras poco después de ser nombrado miembro del Comité de la Sociedad de Fomento, pronto dimitiría de un cargo que podía limitar sus horizontes críticos. Representó una fuerza de la naturaleza que él quiso poner al servicio del hipódromo y su desarrollo y que un día de verano de 1973 esperando en San Sebastián para organizar el reparto por esa ciudad de su Gran Premio, que venía con retraso de ser impreso procedente de Madrid. Dentro de una cadena innumerable éste sería, en apariencia, su último acto de servicio. En apariencia digo, porque pese a que los ejemplos que se transmiten pierden derechos de autor y apenas dejan rastro para su seguimiento, no podemos saber cómo se mimetizaron en otras vidas, en otros seres…

  • De lo que sí tenemos certeza a través de lo escrito en el mencionado editorial, es de la relación de mutua amistad que se profesaron los hoy recordados Licudi y Quilates y del reconocimiento textual de admiración hecho por él hace 60 años y que ahora de este modo renovamos; aunque solo sea por reavivar los recuerdos ligados a los nombres que contaron la historia de nuestras carreras.










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